Iglesia local campos

¿Por qué mi iglesia está en este lugar?

Por distintos motivos, mi iglesia se encuentra en el sur de la ciudad de Valencia, Venezuela. Podría pensar que la casualidad orquesto todo, que la voluntad humana se quiso meter allí, o que alguna otra fuerza hizo que todo sucediera.

Si, lo podría afirmar si no creyera en el Dios de la Biblia.

Pero la realidad es que creo en el Dios que nos predestinó para buenas obras. El mismo quien resucito de los muertos, recibiendo autoridad sobre los cielos y la tierra. El Señor soberano sobre toda la creación, pero, sobre todo, sobre su iglesia.

El Dios que mueve los hilos de la redención

En el Nuevo Testamento vemos que Dios orquesta cada cosa para el progreso de la redención de los suyos. El Señor Jesús, por citar como ejemplo, nace, vive, muere y resucita en conformidad a lo dicho en las Escrituras del Antiguo Testamento. Lo que nos señala a una mente maestra y a un plan redentor ejecutado de manera detallada.

Pero, luego de la ascensión, ¿Su plan terminó? ¿Acaso este Dios planificador sucumbió al desorden? Su plan sigue en pie, pero ahora por medio de la iglesia y en dirección del Espíritu Santo. El buen pastor sigue moviendo los hilos de la historia para rescatar a cada oveja perdida.

Y, como dicen los cánones de Dort, esto lo hace enviando «a quienes les place y cuando Él quiere[1]». En el libro de los Hechos observamos que esto sucede de múltiples formas: como cuando movió milagrosamente a Felipe para predicar al Eunuco (Hch. 8:26-27), cuando Pedro es llevado a la casa de Cornelio para predicar a unos gentiles (Hch. 10:25-48) y cuando la iglesia de Jerusalén es dispersada en distintas regiones a causa de la persecución (Hch. 11:19-20).

Cada uno de los eventos por los cuales las almas escogidas de Dios llegan a sus pies, forman parte del plan de redención pensado antes de la fundación del mundo.

El Dios que planta iglesias donde él le place

En el libro de los Hechos la idea de que Dios mueve los hilos de la historia está clara. De allí podemos deducir que cada plantación forma parte del desarrollo del plan mayor de Dios. En este sentido, Dios funda iglesias en lugares específicos para salvar a su pueblo en medio de ese lugar.

En todo el libro de Hechos vemos esto de manera implícita, pero se hace explícito cuando Pablo y sus compañeros, queriendo ir a Asia, fueron impedidos por el Espíritu Santo (Hch. 16:6), y lo mismo paso cuando intentaron ir a Bitinia (Hch. 16:7). Luego de esto, estando en Troas, Pablo tuvo una visión y fue convencido de que Dios lo estaba llamando a anunciar el Evangelio a los macedonios (Hch. 16:10).

De esta visión surgen un grupo de iglesias que yo las llamo, las iglesias alabadas (Filipo, Berea y Tesalónica), puesto que sus referencias en las Escrituras están cargadas de alabanzas (cp. Fil. 1:3-5; 1 Ts. 1:7-8; Hch. 17:10-12). En el proceso de salvar al perdido Dios no solamente llamo a Pablo predicar en estos lugares, sino que la iglesia misma funge su función como testigo para salvar almas.

Tal vez el mayor ejemplo de esto sería Tesalónica, quien se erigió como un ejemplo de evangelización masiva, aprovechando sus ventajas locales y sus circunstancias geopolíticas.

El Dios que llama a predicar donde él nos lleva

Otro ejemplo que ilustra que Dios planta iglesias para que estas salven almas es el caso de Pablo en Corinto. Cuando Dios lo llamo a perseverar en su tarea, lo hizo porque que aún tenía muchas almas por salvar (Hch. 18:10). Pero no podemos pensar que la totalidad de su pueblo fue alcanzado por Pablo, sin duda, Dios se valió del testimonio local para seguir alcanzando la totalidad de su pueblo en esa ciudad.

Lo interesante es que Pablo fue llamado a predicar en esos lugares porque allí Dios tenía su pueblo. Pero la iglesia, cuando es fundada, debe tener esta misma convicción con la que Pablo llegaba a cada ciudad. Cada iglesia necesita pensar que está en un lugar y tiempo específico, según el plan y el propósito de Dios, para alcanzar a sus escogidos en este lugar y en este tiempo específico. Aunque suene trillado, necesitamos creer que no estamos situados en un lugar y tiempo específico por casualidad.

Por eso, respondiendo a nuestra pregunta, ¿Por qué mi iglesia está en este lugar? Respondemos: porque Dios quiere usar nuestra iglesia para la salvación de las almas en este lugar y tiempo específico.

La locación de la iglesia no es un asunto fortuito, forma parte del conjunto de buenas obras predestinadas de antemano y del plan redentor para alcanzar a su pueblo.


[1] Cánones de Dort, cap. 1, art. III

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