La disciplina de la oración

La disciplina de la oración: cómo desarrollarla y aplicara a la vida

Entre las disciplinas espirituales, la disciplina de la oración es una de las más importantes. Sin ella no hay crecimiento, y los propósitos de Dios no se llevan a cabo. Aunque debemos tener cuidado de no exagerar su lugar en la vida cristiana, no obstante, nuestra tendencia es disminuir su importancia.

Cuando un cristiano ora y profundiza en la Palabra de Dios crece en abundancia y se prepara para enfrentar la tentación constante en su vida. Veamos como desarrollar la disciplina de la oración en la vida cristiana.

¿Qué función cumple la disciplina de la oración dentro de la voluntad de Dios y la vida cristiana?

Hay algo que tenemos que tener en claro en cuanto a la oración, y es que Dios es galardonador de los que le buscan (Heb. 11:6), es decir, dentro de los planes de Dios para su pueblo y para el mundo, se encuentra la oración. Dios desea bendecir a su pueblo y al mundo, y a cada uno de sus hijos, con la oración la oración.

Dios ciertamente podría hacer todas las cosas sin la oración, podría convertir a sus enemigos, como también podría santificar a su pueblo y llenar de vida a su Iglesia, pero al le place enviar obreros a su mies y dar de su santo espíritu cuando se lo piden (cp. Gen. 20:7; Mt. 9:38; Luc. 11:13). De modo que la disciplina de la oración es parte fundamental de la vida del creyente, pero también del reino y de los propósitos de Dios.

¿Por qué debería hacer de la disciplina de la oración un hábito?

Los hábitos nos hacen y nos deshacen. La vida cristiana se describe en hábitos, en constantes pasos en una dirección determinada. La vida devocional es el habito de oro del verdadero cristiano, el tomarnos un tiempo día tras día para dedicar al ejercicio privado de la piedad, como lo son la oración y la Escritura.

La oración es parte de estos hábitos, y que requieren de un esfuerzo disciplinario, nadie puede construir un hábito de algo sino es constante y nadie es constante sino se dedica debidamente a estas cosas. Pretendo a través de esta clase dar algunas ideas prácticas para aplicar y desarrollar el hábito de la oración.

¿Qué elementos debo desarrollar en mi vida de oración?

Pongamos las metas y luego hagamos la pregunta ¿Cómo desarrollar tales metas?

Esfuerzo

Todas las cosas importantes requieren esfuerzo, es imposible considerar la necesidad que tenemos de esforzarnos debidamente en la oración. En ocasiones se puede ver la oración como un trabajo sencillo o como algo sumamente fácil, sobre lo cual se requiere simplemente mover los labios, pero espiritualmente puede llegar a ser un trabajo agotador.

El Apóstol Pablo rogo a sus hermanos que se esforzaran con en la oración (Rom. 15:30), y contiene la idea de una lucha sin cuartel. Aquí la idea de la oración no es la de un jardín sino la de una guerra por un propósito ¡La predicación poderosa del Evangelio! El Apóstol Pablo rogaba que ellos desde su trinchera participaran en la guerra pro el Evangelio a través de la oración. Nadie se mete a una trinchera a dormir o descansar, cuando viene de regreso de la batalla  necesita descansar.

Así una de las características que debemos desarrollar en la oración es: el esfuerzo.

¿Cómo podemos esforzarnos más en la oración? ¿Qué pasos prácticos podemos dar para esforzarnos en la oración?

Constancia

Esfuerzo por sí solo no implica sabiduría, se puede utilizar mucha fuerza sin dirigir las fuerzas correctamente. Una de las formas de implicar esta sabiduría es sabiendo y reconociendo la voluntad de Dios y aplicándonos a vivir y a pedir conforme a ella. Pero no estamos llamados simplemente a orar conforme a la voluntad de Dios, sino también a pedir conforme a la voluntad de Dios.

Pocas cosas son tan repetidas insistentemente en cuanto a la oración por el Señor Jesucristo como la constancia en la oración. La perseverancia en la oración es uno de los elementos que Dios desea que desarrollemos en la vida de oración, pedir y pedir, y pedir con tal perseverancia que obtengamos lo que pedimos.

Los Evangelios narran parábolas que hablan al respecto (ver Lc. 11:5-13), y la vida del Señor Jesucristo mismo era un especial ejemplo de esta constancia en la oración. Una buena técnica es tener un cuaderno o una agenda, anotar una petición en particular y ponerle fecha, y ver por cuánto tiempo oramos por ello hasta que se cumpla.

Esta constancia puede expresarse en distintos tiempos: horas, días, minutos, semanas, años, etc. Debemos orar todos los días, por lo menos un tiempo mínimo. Soy partidario de tomarnos por lo menos un día para dedicar un tiempo especial a la oración (tal vez una hora o más), pero lo cierto es que debemos tomarnos un momento determinado todos los días para dedicar a la oración. Pero también debemos mantenernos en un espíritu de oración constante (cp. 1 Tes. 5:17-18).

¿Oramos todos los días? ¿Mantenemos una actitud de oración constantemente? ¿Cómo podemos desarrollar una vida de constancia en la oración?

Dependencia del Espíritu Santo

Es necesario ser humildes en la oración, es fácil desarrollar una arrogancia espiritual en cualquier esfuerzo y aun más cuando logramos avanzar en la oración. Por eso es que este factor es tan importante: la dependencia del Espíritu.

Debemos reconocer que no podemos orar adecuadamente sin el Espíritu Santo, debemos reconocer que no sabemos pedir como deberíamos y que en nuestra debilidad nos ayuda el Espíritu Santo. Y aun debemos reconocer que no podemos hacer nada sin su ayuda y su asistencia, y que en última instancia si tenemos algún avance en la oración es por su obra en nosotros (ver Ef. 6:18; Jud. 1:20).

¿Cuántas tipos de oración hay?

Hay ciertos elementos que deberían ser infaltables en nuestra oración:

  • Confesión de pecado (Luc. 18:13)
  • Intercesión (1 Ti. 2:1-2; Stg. 5:14-16)
  • Imprecación (Neh. 4:4-5)
  • Petición (1 Sam. 1:17)
  • Acción de gracias (Sal. 100:4)

¿Qué consejos seguir para desarrollar el habito de la oración?

Comprometerse

Dios desea que todos sus hijos oren constantemente y desarrollen el hábito de hablar con Él, pero sería muy extraño que esto se diera como obra del azar. Es necesario comprometernos nosotros mismos con Dios a desarrollar una vida de oración consistente.

Ser realista

En muchas ocasiones ponemos muchos peros y mentiras alrededor de la oración, decimos cosas como “estoy demasiado ocupado y por eso no oro” o “no tengo el don de la oración”, estas son mentiras y falsas convicciones que no ayudan en nada a desarrollar la vida de oración. Debemos ser cruelmente realistas con nosotros mismos y observar nuestras deficiencias como en realidad lo son.

También esto implica conocernos en cuanto a este tema, algunas personas se les hace más fácil orar luego de cierta lectura que caliente su alma, como en el caso del Dr. Lloyd Jones o simplemente pueden orar en cualquier momento de cualquier forma y en buenas condiciones. Algunos les cuesta empezar y a otros les cuesta permanecer una vez empieza, a otros les es más fácil en las noches o en las tardes, otros deben pararse muy de temprano para poder aprovechar el silencio en la oración, las circunstancias y las personalidades son distintas, cada cual debe aprender a desarrollar su vida de oración en la tierra que se nos ha dado.

Ponerse metas

Una de las mejores formas de lograr algo es colocando metas claras, por ejemplo orar mínimo media hora diaria, o levantarnos a tal hora para orar temprano en la mañana, o orar por tantas personas diarias, y cumplirlo en el tiempo. Yo tengo en mi agenda el nombre de cuatro personas por día para interceder por ellas de martes a viernes.

Evaluar las fallas y aprovechar las fortalezas

En casi todo tenemos fallas y fortalezas, nos sentimos débiles en algunas cosas y en otras corremos con muchísima libertad. Algunos se les hace más fácil la adoración en la oración, a otros la constancia, y a otros tal vez tengan debilidad en su fe en cuanto a las peticiones. Sea cual sea debemos responder a la pregunta ¿En que soy débil en la oración? ¿En que soy fuerte en la oración? Y así lograr corregir las debilidades y aprovechar las fortalezas.

Particularmente, en un tiempo atrás me di cuenta que me era muy fácil desear y orar por cosas de carácter espiritual: conversiones, santificación, y otras cosas de ese tipo. Pero en ocasiones me sentía incrédulo para cosas de carácter material, como dinero o alguna provisión física, me di cuenta que tenía una debilidad en el padre nuestro, podía decir con toda convicción “venga a nosotros tu reino” pero podía ser algo escéptico cuando oraba “danos el pan de cada día”.

Tomar nota

El papel y el lápiz es una buena ayuda, mi agenda está llena de nombres y tachones, y notas referentes a las oraciones que hago por las personas con las cuales me he comprometido a orar. Algunos de nosotros somos bastante organizados, y otros deseamos serlo pero somos un desastre. Resulta que en ocasiones para poder ser disciplinados en la oración necesitamos anotar porque orar, por quienes orar y que orar. No tiene nada de malo se sistemático en esto.

1 comentario en “La disciplina de la oración: cómo desarrollarla y aplicara a la vida”

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