la claridad de las escrituras

La claridad de las Escrituras y su aplicación a la iglesia moderna

La claridad de las Escrituras es una de los aspectos más fundamentales del cristianismo protestante. Pero, uno de los argumentos esgrimido por los romanistas para no traducir las Escrituras en la época medieval y la reforma, era que las Escrituras eran un libro oscuro que no podía ser entregado a las personas comunes, lo cual equivaldría, según se oscuro criterio, a echar las perlas a los cerdos.

Esta fue una de las razones por la cual fue expuesto John Wycliffe como hereje, más tarde los reformadores tomarían estas mismas doctrinas y sobre ellas harían avanzar la reforma protestante. Sin duda este es uno de los temas que tanto nos diferencia de los Romanistas.

Por otro lado esta doctrina no puede ser simplemente relegada al área apologética, seriamos insensatos al insinuar tal cosa, por lo que debemos señalar justificadamente que estas es una doctrina maravillosa que une directamente a cada cristiano de forma personal e intima con Dios por medio de las Escrituras, y en ella se puede fundamentar la unidad de la Iglesia.

¿Qué significa la perspicuidad de las Escrituras?

Significa que las Escrituras contienen tales características que es comprensible globalmente en su totalidad para todas las mentes. Esto no niega la necesidad de la asistencia del Espíritu para desarrollar una comprensión para salvación, como tampoco la existencia de pasajes de difícil interpretación, no obstante, a simples términos el mensaje total de las Escrituras es caracterizado por la claridad.

¿Dónde ensaña la Escritura la claridad de las Escrituras?

Cuando la Escritura es señalada como luz queda implicado por ella que es clara, así leemos en los salmos esta definición (Sal. 19:8b; 119:105, 130) y más adelante se nos habla de las Escrituras como una antorcha (2 Pe. 1:19) lo que implicaba que la Escritura era lo suficientemente clara para alumbrarnos en medio de la oscuridad de este mundo.

Esto no tan solamente es expresado explícitamente al definir las Escrituras como una luz, sino también implícitamente por los distintos mandamientos y formas en las que se expresa la Escritura de sí misma.

  • Se nos ordena recibir y dar morada las Escrituras (Sal. 119:11; Col. 3:16);
  • escudriñarla (2 Ti. 2:15);
  • meditar en ella (Jos. 1:8; Sal. 1:2);
  • confiar en ella (Sal. 119:81);
  • sostenerla firmemente (Fil. 2:16);
  • deleitarnos en ella (Jer. 15:16);
  • amarla (119:167);
  • estimarla (119:72);
  • enseñársela a los niños (Dt. 6:7);
  • entre otros.

¿Cómo son posibles todos estos mandamientos si las Escrituras no son claras? ¿Acaso podemos cumplir todas estas cosas con un tumulto de oscuridad? Por el contrario, se nos ordena estar atentos a ella como una antorcha que alumbra en un lugar oscuro (2 Pe. 1:19).

La posición Romanista en cuanto a la claridad de las Escrituras

Charles Hodge, en su teología sistemática, dice sobre este tema:

“Los romanistas enseñan que las Escrituras son tan oscuras que precisan de un intérprete visible, presente e infalible; y que la gente, siendo incompetente para comprenderlas, está obligada a creer todas aquellas doctrinas que la Iglesia, por medio de sus órganos oficiales, declare ciertas y divinas.”

Los pasajes oscuros

Pero ¿Son absolutamente todas las partes de las Escrituras igualmente claras? Existe también otro error (a diferencia de la declaración de la oscuridad de las Escrituras de los romanistas). Es, a saber, que las Escrituras son tan claras que no requieren de un estudio sistemático, riguroso y a veces difícil, para llegar a la correcta interpretación de un pasaje. Estos sostienen que ciertamente las Escrituras deben ser dadas a todas las personas, pero también señalan que no es necesario de teólogos y personas dedicadas a asuntos difíciles de la Escritura, puesto que tales asuntos no existen.

No obstante, tal declaración es contraria a la experiencia de la Iglesia alrededor de la historia con las Escrituras, para hablar de un ejemplo antiguo, sobre el libro de Ezequiel: la cabeza de la escuela de Shammai quemo aceite de medianoche por trescientas jarras antes de poder justificar la admisión de la obra exilica en el canon de las Escrituras. Esto era porque es un libro de difícil comprensión. Este tipo de faenas dolorosas se han repetido un sinfín de veces alrededor de toda la historia.

Pero no tan solamente nuestra experiencia como Iglesia histórica nos demuestra esto, sino que la misma Escritura declara tales cosas, el pasaje por excelencia para hablar de este punto es 2 Pedro 3:16, donde dice refiriéndose a las cartas de Pablo “Hay en ellas algunos puntos difíciles de entender” lo que dice el pasaje no es que el problema seamos nosotros (aunque también es cierto), sino que ciertamente hay cosas en las Escrituras que son difíciles de entender. Pero hay que notar que dice “algunos puntos”, puesto que, en realidad, las Escrituras son mayoritariamente claras.

Estos dos últimos puntos nos manifiestan dos responsabilidades cristianas fundamentales, en primer lugar, debemos animarnos a escudriñar las Escrituras en vista de su claridad, pero debemos esforzarnos por ser buenos intérpretes en vista de sus dificultades. Fijémonos en lo que dice Pedro, los ignorantes tuercen las Escrituras, hay personas que no ven su ignorancia como un peligro y créame mi hermano que lo es.

La necesidad de la iluminación del Espíritu Santo

Pero ¿Qué lugar tiene el Espíritu Santo en todo esto?

Aunque las Escrituras sean claras, no quita el hecho de que a causa de nuestro pecado y propia incapacidad asuntos claros pueden llegarnos a ser completamente oscuros o velados. Las riquezas de las Escrituras solamente pueden ser adquiridas si verdaderamente el Espíritu Santo las ilumina para nosotros ¿Cuántas veces no hemos leído un texto, y de repente un día común y corriente que no contiene nada especial, el texto se ilumina completamente y nos habla con una fuerza impresionante? Eso solamente puede ser explicado por la obra de iluminación del Espíritu Santo (1 Co. 2:9-11).

El hecho de que haya claridad en las Escrituras es una gran bendición, puesto que no podemos entender todas las riquezas de las Escrituras sino podemos entenderlas, y no podemos entenderlas sino es por su claridad. La justificación por la fe, la santificación, el Señorío de Cristo, la salvación por gracia, etc. Son simples palabras volando por nuestra mente, sin evocar vida ni felicidad, a no ser que podamos entenderlas y ver la maravilla de la salvación.

La claridad de las Escrituras es una bendición para nosotros, puesto que el Señor Dios no nos ha hablado con palabras complicadas y abstractas para entender, el ha llamado a oír a los humildes y pequeños. Por lo tanto podemos ir, día tras día, confiando en su gracia para hallar el alimento para nuestra alma.

¿Cómo aplicamos esta doctrina de las Escrituras?

Debemos aprovechar la bendición de la claridad de las Escrituras: Debemos acercarnos con una seguridad reverente a la Palabra de Dios, expectantes ante su luz. Las Escrituras son una luz cálida que alumbra nuestro caminar, de forma natural cada uno de nosotros debería querer estar ante su calor y amparo.

Las Escrituras son claras y debemos sacar provecho para nosotros de esto, disfrutar de ello, y no descuidar la lectura, la meditación y el estudio.

El beneficio de la claridad se ata a los demás beneficios, si comprendemos el tema anterior correctamente (la suficiencia de las Escrituras), ¿Qué sentido tendría la suficiencia de las Escrituras si es un libro oscuro y cerrado para nosotros? ¿De qué vale tener un jardín con los más ricos frutos si no podemos tomar de ellos? Pero las Escrituras son un jardín con múltiples frutos que están cerca de nosotros.

Debemos orar para la asistencia y la ayuda del Espíritu Santo: Aunque las Escrituras sean claras, no obstante, necesitamos de la ayuda del Espíritu Santo para llevarnos a profundizar en sus enseñanzas. Por ello al momento de acercarnos a las Escrituras debemos ponernos en dependencia del Espíritu Santo, orar con sincero deseo de que Él nos ayude en nuestro viaje a través de las Escrituras.

Debemos esforzarnos por no ser ignorantes, y así interpretar correctamente las Escrituras: No obstante, el punto de que ciertas cosas son difíciles de entender nos llama a ser diligentes y desarrollar habilidades en la interpretación de las Escrituras. Y aunque no todos tengamos las mismas capacidades y dones, no por eso debemos ser negligentes y descuidados en el cultivo de las habilidades de interpretación.

Una de las cosas que recupero la reforma, fue las Escrituras para ser leída y estudiadas por todo aquel que tuviese una Biblia. Esto produjo tal impacto, que la forma de distracción o de recreación de los hombres en aquellos siglos era la teología. De tal manera que podía ver un campesino leyendo a Calvino, a Owen o a Lutero. Hoy en día tenemos mejores herramientas y mayores posibilidades, a mi parecer lo que nos diferencia de ellos es nuestra falta de voluntad y diligencia por aprender más de las Escrituras por nuestros propios medios.

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