doctrina de la santificación en la biblia

La doctrina de la santificación: la trinidad, carácter sobrenatural y nuestra responsabilidad

La doctrina de la santificación es una de las doctrinas más importantes en términos prácticos. Su distorsión puede acabar con las vidas de los creyentes, estancarlas o deformarlas totalmente. Esto sucede así porque de ella se desprende la lucha contra el pecado y la esperanza de ser semejantes a Cristo.

La confesión Belga habla de la fe como una obra de la regeneración, luego esta verdadera fe produce en la persona buenas obras. Entonces podemos ver que la santificación procede automáticamente de la regeneración, una vez contenida la nueva naturaleza en el hombre, es natural que se desarrolle y crezca. Así, la santificación, es una obra de gracia por el carácter mismo sobre el cual parte (la regeneración).

Pero, ¿Qué relación tiene nuestra voluntad con la santificación? ¿Por qué la Escrituras nos mandan a buscar la santidad? ¿Acaso no es Dios el único capaz, por su poder sobrenatural, de producir la santidad (la imagen de Cristo) en nosotros? Este es un tema de carácter sumamente práctico, pero también es de suprema relevancia en cuanto al tema de la salvación.

Por eso, en este articulo abordaremos la importantisima doctrina de la santificación.

La obra de la Trinidad en la doctrina de la santificación

La santificación no es solamente una obra del Espíritu Santo, como normalmente se entiende, más bien, es orquestada en completa armonía por cada una de las personas de la trinidad. De manera que podemos resumir la obra santificadora obrada por la trinidad de la siguiente manera:

El Hijo

La santificación por medio del Hijo es obligatoria en virtud de la unión mística que tenemos con el Señor Jesucristo, damos fruto simplemente porque le pertenecemos y estamos a su merced, pero principalmente porque somos su cuerpo y ramas de su vid. Aun más el nos santifica por medio de su sacrificio (1 Co. 6:11; Heb. 10:10).

En este sentido la santificación es como la energía que proviene desde el trono a las ramas. La santidad es el resultado del poder y la vida de Cristo en nosotros, en virtud de que hemos sido unidos a su cuerpo y el es nuestra cabeza.

El Padre

Cuando el Señor Jesucristo oro por su Iglesia pidió al padre que los santificara (Jn. 17:17), de esta manera nosotros podemos entender que Dios obra la santificación en su pueblo. En este sentido, Él nos hace santos a su propia imagen por medio del poder de su Verdad. No obstante, esto lo hace por medio del Espíritu Santo, y la petición se hace al Padre.

El Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el principal actor en la obra de la santificación, Él mora en su templo y lo arregla constantemente por medio de los tesoros del Evangelio, aplicando y llenando nuestra alma de su Palabra (Ro. 15:16). Nos lleva de gloria en gloria a la imagen de Cristo por medio de su poder (2 Cor. 3:18).

El carácter sobrenatural de la santificación

El hecho de que la trinidad esté trabajando en la santificación de la Iglesia demuestra que el acto santificador es algo sobrenatural. La santificación es tan sobrenatural y milagrosa como lo es la regeneración. Esto también puede ser derivado de la misma definición de santificación el cual es formar en el cristiano el carácter de Cristo.

Por esto es importante diferenciar la santificación de mera reforma moral, mientras que la reforma moral es meramente conductual y externa, la santificación es una obra poderosa, interna, una transformación del viejo hombre al nuevo hombre, hecho a la imagen perfecta de Cristo Jesús. La Escritura no dice “sin moral nadie vera a Dios” dice “sin santidad nadie vera a Dios”, y es precisamente que el estándar de santidad es Dios, no la moral humana.

La santificación nace y se nutre del Evangelio. Puesto que es efectuada por medio de la Palabra de Dios y los sacramentos, es decir, depende del Evangelio. El moralismo, a cambio, es antropocentrista y determina sus propias virtudes.

Esta moralidad generalmente es idolátrica, puesto que no contempla la majestad de la santidad de Dios para humillarse delante de Él. La verdadera santidad viene acompañada de un profundo sentir de indignidad con la cual se confiesa “No soy digno oh Dios, de ti, perdóname una y otra vez, no apartes tu gracia de mi pues estaría completamente perdido”, mas el moralismo se para erguido y dice “yo soy suficiente para cumplir con tus estándares, verdaderamente soy una buena persona”.

Dios se vale de medios para nuestra santificación

Los medios por los cuales Dios obra la santificación y nos guarda en santidad son dos:

La Palabra de Dios

En el texto referente a la obra santificadora del Padre vimos que el Señor Jesús oraba para que su iglesia fuese santificada en la verdad (Jn. 17:17), y ciertamente es así como nosotros somos santificados, por medio de aquellas «Palabras de vida eterna» como diría Pedro (Jn. 6:66-68). De aquí radica también que la predicación del Evangelio sea el medio oficial por el cual el Señor le place santificar a sus amados.

La predicación es el instrumento para la santificación de la Iglesia,  esto es así en virtud del carácter mismo de su institución, y por relación con la Palabra Dios,  por la  el cual el Señor otorga su multiforme gracia a su pueblo, haciéndolo cada vez más santo, y llenando así de su Palabra a sus hijos.

Los Sacramentos

Los sacramentos están íntimamente relacionados con la predicación de la Palabra, mientras que la predicación es una exposición fiel de las Palabras de Dios para la edificación del pueblo, así también los sacramentos constituyen un medio por el cual el Señor predica de forma sensible, palpable y visible la esencia misma del Evangelio.

Recordándonos que nuestra santificación es obra de su sacrificio en la cruz, de su sangre derramada (vino) y su carne rasgada (pan).

La Disciplina

La palabra disciplina no evoca imágenes agradables, generalmente es una palabra que relacionamos con el dolor y los problemas. No obstante, no necesariamente debe ser así, la práctica de la disciplina también implica resguardar al pueblo de Dios de posibles fallas. Ya que nuestra condición nos lleva constantemente al pecado debemos cuidarnos de no caer. Por eso existe disciplina correctiva, como disciplina preventiva, en este sentido Dios guarda a su pueblo del pecado por medio tanto de la prevención como por la corrección.

Su disciplina es eclesiástica, es decir, Dios ha instituido ministros dentro de la Iglesia para que lleven a cabo esta tarea. Pero también nuestros hermanos deben cuidarnos y reprendernos en caso de cometer algún pecado, en este sentido la Iglesia (con todos sus miembros sin excepción) deben participar de la disciplina.

La disciplina en ocasiones también es efectuada por Dios de forma directa, pudiendo ser por enfermedad, dificultad, aflicción, etc. Su mano nos lleva a pasar por distintas pruebas para ser cada vez más a la imagen de Cristo, acrisolando así nuestra fe.

¿Por qué entonces debo buscar la santidad?

En la doctrina de la santificación Dios pone en nuestro camino el ejercicio de los medios de gracia que nos ha dado, la abnegación, el ejercicio de la fe, la oración, las buenas obras, las disciplinas cristianas, etc. Se nos son dadas como dones de Dios para con nosotros, para que así nos ejercitemos en la piedad.

La razón por la cual Dios bendice estas medidas voluntarias con la santificación es porque así lo ha instituido en su Palabra, alguien puede sembrar, otro abonar, y aun otro más puede regar, pero el único que puede dar el crecimiento es el Señor (1 Cor. 3:6-8).

Pero Dios no da el crecimiento a expensas de sembrar, abonar, regar y cultivar, simplemente no es así, porque así lo ha instituido, y aunque no negamos el hecho de que Dios pueda santificar conforme a lo que al mismo le plazca, y prescindir así de los medios generalmente conocidos, no obstante, al conocer a Dios sabemos que Él ha revelado lo que ha de hacer a su Pueblo.

Básicamente, podemos resumir este punto en que Dios ha decido obrar por los medios estipulados en su Palabra, los cuales nos animan a ejercitarnos en la piedad, teniendo segura confianza en que el dará vida en recompensa de nuestra búsqueda.

Esto asienta un hecho concreto: en cuanto a la santidad nosotros tenemos una solemne responsabilidad que cumplir. Que no esté en nosotros el ser negligentes en hallar la imagen de Cristo tallada en nosotros. Que nuestra búsqueda sea constante, por ello vale la pena sufrir e incluso perder muchas cosas. Más vale la santidad que la comodidad.

Conclusión

La santificación es la obra de Dios por medio del cual Él forma en nosotros la preciosa imagen de su Hijo Jesucristo, siendo este un acto sobrenatural por pura gracia. Diferenciamos la santificación del moralismo humano, el cual se centra en el hombre, y saca de forma idolatra a Dios de la ecuación sin reconocer su profunda pecaminosidad.

Dios ha designado obrar su santificación por medio de lo Predicación fiel de su Palabra, como por la correcta administración de los Sacramentos, y aun más, nos mantiene en dicha santidad por medio de la disciplina eclesiástica al igual como la personal (practica de la piedad).

El hecho de que Dios sea el autor de esta santificación, no nos debe desanimar en la búsqueda de ella, puesto que a Dios nos ha mostrado en su Palabra que a Él le place utilizar medios humanos para llevar a cabo su propósito divino. Así, esforcémonos en la piedad para alcanzar la santidad.

1 comentario en “La doctrina de la santificación: la trinidad, carácter sobrenatural y nuestra responsabilidad”

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