la depravación total del hombre

La extensión de la depravación total del hombre (una enfermedad de múltiples caras)

El hombre tiene una dignidad, puesto que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, puede crear arte y construir puentes, puede crear curas para enfermedades que asolan la humanidad y sacrificar su vida por rescatar a otros. La depravación total del hombre nos muestra que el hombre también puede asesinar cruelmente a 20 millones de personas o violar los derechos de niños, adolecentes y adultos. El ser humano está completamente depravado eso es lo que las Escrituras nos muestran en cuanto a la naturaleza del hombre.

Esto explica la razón por la cual individuos y grupos enteros pueden llegar a entregarse a locuras sin sentido o ser participes de los actos más viles. Incluso muchos de los que han creído fielmente en la humanidad, luego de contemplar su historia o ver más de cerca su naturaleza comprenden que esa credibilidad se hace cenizas en cuestión de segundos.

Existen dos tendencias, la primera es considerar al hombre absolutamente bueno (hasta tal punto que se afirma que quien lo hace malo son agentes externos) o que es absolutamente malo, y simplemente no tiene ninguna diferencia con las bestias. La Escritura nos muestra que los hombres son dignos por ser a imagen y semejanza de Dios, pero que también son depravados totalmente y que su condición es a pecar constantemente.

Algo que debemos afirmar es que aunque el hombre este depravado totalmente, esto no significa que el hombre haya llegado al clímax de su corrupción. Dios en su soberanía retiene la maldad de los hombres por distintos medios para que estos no se destruyan a sí mismos.

El libro de Romanos y la depravación total del hombre

La Escritura nos muestra en un pasaje particular (Ro. 3:10-17) que el hombre está depravado en sus elementos más básicos:

Depravación del carácter (Ro. 3:10-12):

La declaración de estos versículos es que no hay justo, es decir ninguno que viva conforme a los estatutos de Dios de justicia y rectitud. Ni siquiera hay uno solo que sea justo. Esto significa que la raza humana no está constituida por justos, sino por injustos. Esto muestra la cualidad o el carácter distintivo del ser humano.

El carácter está ligado directamente con los conceptos y en cierta medida del entendimiento, pero el hombre por naturaleza y por su propia condición pecadora esta privado de un entendimiento que lo lleve a convivir con la justicia de Dios. El hombre por su propia terquedad y pecado, no puede comprender la voluntad de Dios (Ro. 1:19; Ef. 4:18).

Aun más importante, la necesidad de Dios que tenemos todos por naturaleza esta desvirtuada, puesto que nadie busca a Dios. Todos se han desviado, ido por un camino equivocado para llegar a una meta desastrosa. Por lo mismo los hombres se hacen inútiles al no cumplir con el propósito original para el cual son creados, como diría Calvino, se vuelven inhumanos.

Depravación del lenguaje (Ro. 3:13-14)

La boca de los hombres son una expresión de lo que son en su carácter, aquí implica que los hombres son mentirosos y blasfemos, utilizando su lengua para el mal y no para el bien. La imagen es la de un sepulcro abierto: completamente maloliente y lleno de podredumbre, huesos, y carne descompuesta, que genera un olor nauseabundo y una imagen tétrica.

El hombre utiliza su lengua para maldecir y despreciar a su prójimo, atacando así a la imagen de Dios en los hombres. El lenguaje está corrompido porque la fuente del lenguaje se encuentra corrompido: chismes, mentiras, expresiones peyorativas, blasfemias, ataques personales, insultos, y cualquier otra expresión de hostilidad verbal, son expresiones del pecado contenido en el corazón de los hombres.

Depravación de la voluntad (Ro. 3:15-18)

La voluntad de los hombres también esta corrompida, sus decisiones son “quebranto y desventura”, el hombre tiende a destruir y dañar constantemente aquello que toca, dejando detrás de si el rastro de la maldad de su propio corazón.

El derramar sangre es un hecho que representa todas las guerras y la delincuencia en muchos países, la humanidad trae en su historia un mar de sangre en sus manos. Aunque esto no es aplicable a todos, puesto son pocos los que derraman sangre. Pero, tomamos nuestra ira como un acto de pecado y atacamos sea con nuestra lengua o con nuestro corazón a nuestro prójimo.

Por ello no hay camino de paz, la vida de la humanidad está marcada por el conflicto y la descensión. Los problemas nacen simplemente como una tendencia de nuestra naturaleza pecaminosa que transforma las relaciones en guerras (cp. Stg. 4:1).

La razón es porque no hay temor de Dios delante de sus ojos, es decir no caminan ni perciben su vida y todo lo demás a la luz de la presencia de Dios. La ausencia de la rendición y sumisión a Dios es la expresión de la depravación total del hombre. El hecho de que este se encuentre corrompido, y que no se someta la voluntad de Dios implica de por sí que está alejado de la fuente de todo bien, y por tanto su vida se encuentra en constante mal.

Conclusión

¿Qué tiene que decirnos el Evangelio o que ofrece el Señor para esta condición del hombre?

La santificación y el poder del Evangelio se evidencian en que cambian efectivamente el carácter, el lenguaje y la voluntad de las personas. Lo liberan de la esclavitud del pecado y lo restauran a una relación amorosa de sumisión y obediencia al Señor Jesucristo. Es por esto, que entendemos mejor el evangelio al entender nuestro pecado.

Los intentos de “restauración” y “reformación” del hombre, aunque pudieran ser loables, son en gran medida inútiles. Los filántropos han fracasado siempre, porque no se encuentran cara a cara con la naturaleza caída del hombre y por tanto nunca hallan la raíz del problema. La solución ya se encontró hace muchísimo tiempo, hace casi dos mil años, y se ha predicado fielmente alrededor de las naciones. Pero los hombres han optado por apartarse de ella.

La respuesta a la depravación total del hombre debe ser misericordia, dar un bálsamo y una respuesta a la condición caída del hombre. El Evangelio es poder de Dios para salvación, para restaurar el carácter, el lenguaje y la voluntad para que esta se incline a la imagen de Dios y no a su naturaleza pecaminosa. De la misma forma nosotros los cristianos podemos desligarnos de esta condición nuestra al acercarnos más al poder del Evangelio que obra en nosotros y nos transforma.

A veces podemos ver la imagen caída del hombre, y luego ver el futuro de una forma desesperanzada. Yo creo que eso en parte es por la falta de  fe y convicción en el poder del Evangelio. El pecado nunca es más poderoso que el poder de Dios en nosotros, y la gracia de Dios puede transformar y renovar al más grande pecador en el más grande santo.

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