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El ministerio de los pastores según la Biblia: deberes, facetas y responsabilidad

Los pastores, según la Biblia, son ministros de Dios dedicados a la enseñanza y la predicación de la Palabra. Estos son los oficiales designados por el Señor para que el pueblo de Dios sea en conformidad a las Escrituras. Hoy en día vemos que los pastores son de todo: psicólogos, empresarios, administradores, conferencistas, etc., menos predicadores.

Dice nuestro la Confesión Belga que el debe haber ministros de la Palabra o pastores es predicar, aquí indica que el pastor es principalmente un ministro de la Palabra, para predicarla y administrar debidamente los sacramentos. Según lo que podemos ver y deducir de nuestra confesión, como también de las Escrituras, la labor del pastor es principalmente la predicación y la enseñanza, y de este aspecto se deriva consecuentemente la administración de los sacramentos.

«Creemos, que esta iglesia debe ser gobernada según la dirección espiritual que nuestro Señor nos enseñó en su Palabra; a saber, que debe haber Ministros o Pastores para predicar la Palabra de Dios y para administrar los Sacramentos…»

Confesión Belga, articulo 30

En esta lección veremos algunas de las responsabilidades e imágenes que Dios nos muestra en el Nuevo Testamento acerca del ministerio del pastor como predicador, y así entender los deberes que este tiene. De esta forma, iremos comprendiendo parte de lo que significa el liderazgo según la Biblia y como debemos conformarnos a ella en este sentido.

El deber de predicar la Palabra

Tenemos que declarar que entre todas las cosas que debe hacer un pastor la prioridad conforme a su ministerio particular es la de predicar, esto no puede dejarse de enfatizar porque es la naturaleza misma de su oficio. El pastor es, entonces, sobre todas las cosas un predicador y por consecuencia un estudioso de las Escrituras.

Esto lo deducimos de las Biblia cuando sostiene que el anciano que se dedica a la enseñanza es digno de doble honor (1 Ti. 5:17), el término utilizado allí es kopiao, relacionado con kopos (que significa golpe, azotamiento, y de ello, un trabajo pesado que resulta en fatiga, trabajo laborioso, véase arduo). Tiene los dos significados de: (a) fatigarse, (b) trabajar duro. Se traduce «has trabajado arduamente» en Ap. 2:3[1].

Lo que deducimos de este anciano (del anciano que gobierna), que es pues el pastor, es que debe dedicar sus esfuerzos, tiempos y energías especialmente a la predicación. Conforme a lo que la misma epístola a Timoteo explica, la predicación (4:13) se describe como:

  1. Exhortación: principalmente animar, y en el ministerio pastoral implica mover la voluntad a obedecer con buen ánimo en el Señor.
  2. Enseñanza: significa dar instrucción y conocimiento principalmente en relación a las Escrituras, siendo fiel a su llamado, enseñando todo el consejo de Dios. Esto es derivado también del texto al referirse a la lectura de la Palabra.

Por ende, los pastores según la Biblia deben dedicarse a exponer fielmente la Palabra de Dios, tanto en el Antiguo como el Nuevo Testamento, y también instruir por medio de la enseñanza. Pero, cuando realice estas tareas, no debe de perder de vista que su fin ultimo es edificar a la Iglesia y hacer discípulos para el Señor.

Diferentes facetas en el ministerio de los pastores según la Biblia

Al definir las facetas de los pastores según la Biblia, hay que fijarnos en cuales son y como estas nos ayudan a comprender mejor su ministerio. Hay varias figuras y facetas del predicador, aparte de la del pastor, que señala cual es su función a cumplir dentro del cuerpo de Cristo:

Administrador

Un administrador es depositario y dispensador de los bienes de otro (1 Co. 4:1-2)[2], por lo que debe administrar los bienes espirituales de las Escrituras para con la casa de Dios. En este sentido el pastor es un ministro que está a cargo de la alimentación balanceada de la doctrina contenida en las Escrituras para los hijos de Dios (Ti. 1:7).

El deber derivado de esto es que el predicador se debe a la administración impuesta por el Señor de la casa, si se le es ordenado que distribuya un desayuno de arepa con queso y huevos (muy Venezolano), cada dos días, y resulta que el mayordomo deja los huevos, la harina y todo en la nevera. Y por el contrario se dedica a hacer pastelitos, estaría desobedeciendo una orden completamente.

Pero si solamente le coloca huevos, le estaría sustrayendo, pero si por otro lado hace completo el trabajo y la añade caraotas estaría agregando, y en cada caso sería infiel a los delineamientos dados por el Señor de la casa (cp. Hch. 20:27; Mt. 13:52).

En este sentido el administrador debe ser fiel: predicar la Palabra según las instrucciones de su Señor, sin agregar o sustraer alguna parte. De aquí que el pastor deba poner su ministerio en este orden, predicando fielmente toda la Palabra.

Heraldo

El apóstol Pablo utiliza un termino que significa literalmente proclamar como un heraldo (1 Co. 1:21-23), y nos provee así de otra imagen del predicador, pero ¿Qué es un heraldo? ¿Y qué relación tiene con la labor y el deber del predicador? (1 Ti. 2:7; 2 Ti. 1:11), los heraldos tienen relación con llevar un mensaje a todo el mundo. Mientras que el administrador se desarrolla dentro de los bienes de una familia, el heraldo va a caballo de ciudad en ciudad llevando el mensaje del rey.

La labor del heraldo era de carácter mas publico que privado, era un hombre revestido con autoridad y un mensaje que llevar a todas las personas de la ciudad. Esta palabra tiene mayor relación con proclamar los hechos de la salvación, y tiene una estrecha relación con el evangelismo, aunque no se limite a ello. Aún más, la imagen del mayordomo esta entre el padre y la familia, y la del heraldo entre el soberano (rey) y el pueblo. Lo maravilloso de este termino es que viene acompañado de los ruegos sensibles por una reconciliación con Dios (2 Co. 5:18-21).

Aquí derivamos otro deber del pastor, que es hacer obra de evangelista (2 Ti. 4:5). El pastor no solamente tiene una tarea dentro de los limites de la congregación, sino también en las afueras, donde debe proclamar el mensaje de salvación con toda misericordia y compasión, procurando con muchas exhortaciones llevar a los hombres a los pies de Cristo.

Testigo

El predicador es un testigo de Cristo, aunque no completamente, puesto que no pertenece a la generación de testigos oculares del Señor. No obstante, el predicador bajo el dominio y llenura del Espíritu Santo da testimonio acerca de él (Jn. 15:26-27), John Stott dice:

[…] en cuanto a esta imagen es que Jesucristo es juzgado, ahora no ante el Sanedrín, ante Poncio Pilato el procurador o Herodes Antipas, sino ante el tribunal del mundo[3].

Esto requiere que el predicador tenga experiencia, en el sentido de que ha experimentado a Jesucristo con todas sus bondades. Esto no es simplemente una labor que deberá llevar a cabo frente al mundo, sino que también tendrá que hacerlo en relación a sus congregantes.

Mas que una experiencia en el ministerio, o en la vida en general, requiere una experiencia espiritualmente rica con el salvador para ser testigo ante todos. Pero también requiere humildad espiritual, al igual que Juan el bautista su testimonio es para la exaltación de Cristo (Jn. 3:25-30).

Padre

Esto transmite el tipo de autoridad dada al ministro, puesto que es una autoridad llena de ternura y amor (Gal. 4:9; 1 Co. 4:5, 14), un pastor es un predicador con fuertes afectos por su congregación, por la cual incluso experimenta dolor y preocupación como lo haría un padre.

Un ejemplo claro de esto es el ministerio de Pablo (compárese 1 Tes. 2:7-8, 10-11), en el que se nos muestra que el predicador debe tener comprensión sensible, debe ser tierno (2 Co. 10:1; 1 Ts. 2:7), sencillo, decidido y entregado como un padre con sus hijos, ser ejemplar como lo debe ser un padre con sus hijos, respaldando la predicación con su vida, como también debe rogar ante el Señor como lo haría un padre con sus hijos.

Esta figura tiene mucho que ver con la predicación, pero también con la labor de la consejería, las visitas y la ayuda espiritual en momentos de pruebas y necesidad.

Siervo

La última imagen que tenemos del pastor como predicador es la del siervo, y, en este sentido, no basta decir que el ministro de la Palabra es un hombre que no se pertenece a si mismo, él, sobre todas las personas, es un vaso escogido por Dios para hablar a los hombres y a su pueblo. Su tiempo, sus esfuerzos, su vida, su dinero, sus pensamientos, todo cuanto tiene no le pertenece él sino a la causa del Evangelio (1 Co. 3:5).

La palabra que se usa para este termino es la misma que se da para esclavo, pero también se usa para hablar de servidores eclesiásticos como los diáconos. Los ministros son hombres apartados por Dios para ser pertenencia especial de Dios y servidores de sus hermanos.

El deber de aconsejar y pastorear

Aparte de la predicación existen otras dos responsabilidades menores en el pastor, aunque también de mucha importancia. Y es la de aconsejar, y esto se deriva de su función de pastor, puesto que el debe «pastorear» a la iglesia y por ende debe, por medio de las visitas o ocasiones particulares, guiar a los miembros de la iglesia por el camino de la verdad.

El deber de liderar y gobernar

También tiene el deber de liderar a la iglesia, implica ejercer autoridad e influencia por medio de la Palabra de Dios, el ejemplo y el amor cristiano.

Conclusión

Al definir la labor de los pastores según la Biblia vemos la importancia del ministerio pastoral y comprendemos su naturaleza, vigilamos que las cosas se lleven  biblicamente, y buscamos honrar este ministerio como un don de Dios. Por eso practicamos la honra pastoral como es debido.

No obstante, en vista de estas cosas, nosotros debemos comprender que es la iglesia quien produce a sus pastores y no los institutos Bíblicos. Los institutos pueden formar teólogos, pero nunca pastores, para ser pastor se requiere carácter formado a través de la iglesia, de exhortaciones, reprensiones y el amor de la iglesia. Esto es una tarea doble, tanto de los líderes como de la iglesia.

Esto también, debe recordar que las cargas pastorales no son solamente de los pastores, y apoyarlos en su ministerio, sea a través de la oración, financieramente, exhortándolos o animándolos en el ministerio. También, orar por que Dios nos conceda un pastor (en caso de que no lo tengamos), puesto que toda iglesia debe tener por lo menos uno.


[1] Diccionario Vine

[2] Jonh Stott, Facetas del predicador pag. 11

[3] Ibid 48

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