Juan Calvino aportes

Juan Calvino: biografía, filosofía y aportes

¿Por qué es importante estudiar la biografía de Juan Calvino?

Creo que es importante cuando se estudia la vida y obra de una persona, especialmente cuando tuvo tantos impactos en la iglesia, considerar la importancia que tiene para nosotros.

A mi consideración, Juan Calvino es uno de los reformadores más importantes de la época de la reforma. Y no sólo por su aporte a la reforma, sino por el lugar primordial que tiene dentro de la teología reformada.

La Iglesia Reformada le debe la teología de sus confesiones, su forma de hacer exégesis y su filosofía y cosmovisión a Juan Calvino. La forma de interpretación bíblica, mediante el estudio de los idiomas originales, el contexto histórico y literario; sin interpretaciones alegóricas y espiritualizantes, fue altamente promovida por Calvino.

Wycliffe y Huss presentaron y promovieron fuertemente la necesidad de que la iglesia fuera reformada; Martin Lutero fue el precursor de la reforma, él fue la dinamita que hizo que el movimiento explotara; pero quien construyó las bases, el fundamento, las columnas y la estructura de la teología reformada fue Juan Calvino. Por eso, él es llamado el teólogo y exégeta de la reforma.

Por eso, habiendo captado su interés, espero que estas ponencias sobre la vida y obra de Juan Calvino sean tan edificantes para ustedes, como lo fue para mí. Veremos en tres ponencias, la vida de Juan Calvino, su ministerio en Ginebra, y su obra.

Biografía de Juan Calvino: El teólogo de la Reforma Protestante

Comencemos con su niñez. De la vida de Juan Calvino, especialmente de su infancia, se tiene muy poca información, así que nos limitaremos a ver lo que considero necesario de los primeros años de su vida.

Nacimiento e infancia de Juan Calvino

Juan Calvino nace en la ciudad de Noyon en Francia, el 10 de Julio de 1509. Sus padres fueron Gerardo Calvino y Jean lefranc. Desde temprana edad, el pequeño Calvino fue instruido en una gran espiritualidad y consagración. Su madre era una mujer devota conocida en Noyon, y su padre, Gerardo Calvino, era notario y consejero legal de la nobleza y del alto clero de la iglesia, lo cual hizo que la vida de Calvino girara siempre en torno a lo religioso. Las conversaciones y el trabajo de su padre con los sacerdotes y el clero plasmaron en el pequeño Juan Calvino una visión religiosa sobre el mundo a su alrededor.

El padre de Juan Calvino tenía relaciones muy íntimas con personas de alta clase, entre los cuales estuvo el obispo Charles de Hangest, del cual era secretario personal. Los sobrinos del obispo eran amigos y compañeros de juego de Calvino, y se volvieron tan amigos, que Juan Calvino fue aceptado en esa casa como parte de la familia.

La posición de su padre, y su relación con el alto clero, especialmente Charles, le permitieron ofrecerle una buena educación al pequeño Juan. De este modo, Juan Calvino pudo estudiar con sus amigos en el colegio de Capetos en Noyon. En este punto es importante notar que desde su infancia Calvino reflejaba un gran intelecto y capacidad de análisis.

Después de completar sus estudios allí, la familia Hangest decidió enviarlos a Paris, uno de los lugares más ricos cultural y académicamente, donde Juan Calvino a los 14 años, se vio inmiscuido con los eruditos más famosos de los colegios y universidades.

Mientras que Calvino estaba apenas en su adolescencia, creciendo y desarrollándose a sus 14 años, había pasado ya 6 años desde que Martín Lutero había clavado las 95 tesis en la iglesia de Wittenberg. Cuando Juan Calvino apenas estaba conociendo el mundo a su alrededor, la Reforma ya se había puesto en marcha, por eso, se le considera a Juan Calvino como un reformador de la segunda generación.

Y a esa edad tuvo su primera relación con la reformad, ya que en el momento en que Juan Calvino entra a París, en la plaza de Grève se estaban quemando al primer mártir de la reforma, un “hereje luterano” que se había vuelto a la reforma. Cuando Juan Calvino apenas comenzaba sus estudios, las aguas de la reforma ya estaban turbias.

Estando allí, fue ingresado al prestigioso colegio de Marcha, donde después de tres años, Calvino logró su bachillerato en artes, y allí empezó a demostrar su capacidad para los idiomas, cuando estuvo puesto destacado en latín y otros idiomas

La educación de Juan Calvino

Desde muy temprana edad Calvino tuvo una capacidad intelectual muy grande y demostró mucha disciplina y amor hacia los estudios. Era una persona muy estudiosa y muy ágil con su mente; sus familiares, amigos y profesores siempre reconocieron el gran talento intelectual de Calvino. Y como veremos en breve, Calvino era un hombre sumamente capacitado.

En primer lugar, Juan Calvino era un hombre de letras. A través del humanismo, una corriente filosófica que buscaba la reforma del mundo a través de los idiomas clásicos como el griego y el latín, y los escritos de los filósofos griegos y los padres de la iglesia, Juan Calvino aprendió griego y latín, junto con esos escritos. Esto explica su gran conocimiento sobre la filosofía griega y sobre los padres de la iglesia, que posteriormente le ayudaron a refutar las herejías de la iglesia de Roma, quienes recurrían a los padres de la iglesia para apoyar sus herejías sin base alguna.

Desde que estuvo en el colegio de Marcha, su destacado don en las letras llamó la atención de su profesor, que era un humanista. Este ayudó a Juan Calvino a profundizar e interesarse más en los idiomas y la exégesis.

Es importante ver que Juan Calvino se dedicó gran parte de su vida a prepararse en esta materia. De hecho, mientras estudiaba las otras profesiones, el reformador asistía fielmente a cualquier conferencia, clase o enseñanza sobre exégesis y los idiomas clásicos impartidos por los eruditos de la época.  Desde el bachillerato, Juan Calvino mostró un gran amor y pasión por los idiomas.

Y esta capacitación fue lo que le dio a Juan Calvino su gran título: “El exégeta de la Reforma”. Dios no desechó su preparación cuando creyó en él, sino que la usó para exponer con mayor claridad y franqueza, más que otro reformador, las doctrinas bíblicas del cristianismo. Y proveyó una de las herramientas más importantes para le interpretación de la Escritura hasta el día de hoy: la exégesis bíblica mediante sus idiomas originales. Lutero fue el precursor de la reforma, pero Juan Calvino fue el exégeta que enseñó a otros a interpretar la Biblia, mediante el estudio del griego y el hebreo.

Juan Calvino era un erudito, a pesar de su juventud. A una corta edad de veintitantos, la audacia y conocimiento de Calvino eran tales que ya era capaz de hacer artículos sobre el humanismo en contra de los filósofos más prominentes de su época. Y tenían tanta profundidad, que incluso filósofos tan importantes como Erasmo, llegaron a tener uno de estos escritos en sus manos. Tristemente, los filósofos vieron como un insulto que un muchacho quisiera cuestionar su sabiduría. Sin embargo, no pudieron negar la fuerza intelectual y profundidad filosófica de ese pequeño erudito.

Ahora bien, estos estudios pertenecen a las horas libres de Juan Calvino; propiamente dicho, Juan se dedicó a estudiar para ser sacerdote, y posteriormente estudió leyes. Debido al puesto que tenía su padre como consejero del clero, sabía que ser sacerdote traería muchos beneficios políticos y económicos para su hijo y la familia. Así que consagró a Juan desde muy temprana edad al sacerdocio.

Inmediatamente después de terminar el bachillerato, Juan Calvino estudió en el colegio de Montaigu, uno de los colegios más prestigioso del lugar o de la época, pues de allí fue egresado el erudito Erasmo de Rotterdam. En algunos escritos, Calvino demuestra que era una persona sumamente celosa de la doctrina romanista. Él estudió para ser sacerdote no solamente porque su padre lo haya puesto allí, sino que tenía gran pasión por la teología. De hecho, es interesante ver que él mismo afirmó que estaba muy envuelto y era muy celoso con las doctrinas y ceremonias romanistas. Esta capacitación para pertenecer al clero fue lo que hizo que Juan Calvino tuviera tanta agudeza y profundidad para refutar las herejías de la iglesia romana. Él sabía bien lo que iglesia romana creía, y eso hizo que sus refutaciones fueran tan contundentes.

Sin embargo, a diferencia de sus antecesores Wycliffe o John Huss, Calvino no pudo terminar sus estudios ni ejercer el sacerdocio. El padre de Calvino tuvo unos altercados con los sacerdotes de Noyon, y rompió sus relaciones y servicios con la iglesia. Por eso decidió que su hijo ya no estudiaría teología, sino leyes, que también ofrecían una vida de prestigio y riquezas. Entonces Calvino hizo un viaje a Orleans, una ciudad de Francia, para estudiar en la universidad de Orleans. Esta universidad era la escuela más famosa de jurisprudencia de la época. Y en esa universidad Juan Calvino se graduó como doctor en leyes.

Los impactos del aporte de Juan Calvino no solamente repercutieron en la iglesia, sino también en la sociedad y en el estado. Y creo que su erudición en leyes, teología y filosofía griega tuvieron algo que ver. El impacto de su obra estuvo relacionado con su capacitación. Dios usó la preparación académica de Juan Calvino para formar los fundamentos, pilares y teología de la reforma protestante. Lo cual demuestra que Dios no rechaza las capacidades o preparación que nosotros tenemos, sino que las usa para el bien y avance de su reino.

La conversión de Juan Calvino

Ahora, pasamos a su conversión y arrepentimiento verdaderos. Debo decir que esta es un área donde hay muchos vacíos, porque realmente no se tiene conocimiento sobre cómo sucedió su conversión. Lo que sabemos es lo siguiente: Primero, La devoción de su madre, el puesto de su padre, y sus estudios en teología, tuvieron parte de influencia en la conversión a Dios, porque creció en un ámbito religioso.

Y recién graduado como doctor en leyes, Juan Calvino viajó a París, y se quedó en casa de Etienne de la Forge, un piadoso hombre de convicciones luteranas. Sus fines realmente no eran religiosos ni laborales, no iba allí para ser pastor ni para ejercer su nueva profesión. Más bien, lo hacía seguir profundizando en las letras y en la filosofía. Lo que sabemos es que pocos meses después, este hombre estaba defendiendo con mucho fervor la causa protestante. Lo que muchos especulan es que en un tiempo indefinido entre su llegada a París y su defensa de la causa protestante, el Señor Jesucristo llamó a Juan Calvino para ser parte de los santos escogidos para salvación. Y en el comentario de Calvino al libro de los Salmos, relata de forma general lo que ocurrió en su conversión:

Mi condición, sin duda alguna, es harto inferior a la suya [de David], y no es necesario que me detenga mucho en ello. Pero, de la misma forma en que él fue tomado de entre el rebaño y exaltado al rango de suprema autoridad, así Dios, habiéndome sacado de mi condición, originalmente oscura y humilde, me tuvo por digno de ser investido con el honorable oficio de predicador y ministro del evangelio. Cuando yo era todavía prácticamente un niño, mi padre ya me había destinado al estudio de la teología. Pero más tarde, cuando él consideró que la profesión legal comúnmente ha elevado a la riqueza a aquellos que la practican, esta posibilidad le indujo de pronto a cambiar su propósito. Así pues, sucedió que yo fui retirado del estudio de la filosofía y dedicado al estudio del derecho. En este empeño me esforcé, pues, fielmente, dedicándome a obedecer la voluntad de mi padre; pero Dios, por medio de la secreta guía de su providencia, a la larga le dio una dirección diferente al curso de mi vida. Y primeramente, puesto que yo estaba tan obstinadamente dedicado a las supersticiones papistas como para poder ser rescatado fácilmente de tan profundo abismo de inmundicia, Dios, mediante una súbita conversión, subyugó mi mente y la condujo a un punto en que fue susceptible de ser enseñada, ya que estaba más endurecida en tales prácticas de lo que era de esperarse de una persona de mi temprana edad. Habiendo así recibido un cierto gusto y conocimiento de la verdadera piedad, fui de inmediato inflamado con tan intenso deseo de progresar en ella que, aunque no abandoné totalmente mis otros estudios, no obstante los proseguí con mucho menos ardor.

Me vi sorprendido mucho por el hecho de que todavía no había transcurrido un año, cuando me encontré asediado por todos los que anhelaban la pura doctrina, quienes venían de continuo a mí con el fin de aprender, aunque yo mismo era apenas un novicio y principiante. Siendo yo de condición un tanto retraída y tímida, lo cual me inducía siempre a desear más la anonimidad y la soledad, comencé entonces a buscar un rincón oscuro a donde pudiera yo retirarme de la vista pública; pero, lejos de lograr el objetivo de mi deseo, todos mis retiros resultaban ser como escuelas públicas. En pocas palabras, mientras que mi gran objetivo era vivir recluido sin que se me reconociera públicamente, Dios me condujo de tal forma a través de muchos giros y cambios, que nunca me permitió hallar el descanso en ningún lugar, hasta que, a pesar de mi natural predisposición, Él me sacó a la luz pública.

Ahora bien, es necesario entender que la regeneración de Calvino estuvo íntimamente ligada con la causa de la reforma. A su alrededor, se vivía un ambiente tenso en todo Europa. Para 1533 habían pasado ya 16 años desde que Martín Lutero había clavado las 95 tesis. Y la causa protestante cada vez avanzaba con más fuerza, y con más fuerza las autoridades, los reyes y la iglesia de roma procuraban parar este movimiento.

Las ideas de Lutero habían tenido gran impacto en Francia. Y Etienne de la Forge era un hombre con las convicciones de la justificación por fe y de la Sola Escritura. Lo que muchos especulan es que viviendo en su casa, Calvino fue llevado por el Espíritu de Dios a creer en la Justificación por fe, y a profundizar él mismo en la Palabra de Dios. E inevitablemente, su conversión al Señor estuvo ligada con su conversión a la Reforma Protestante. Fíjense que él mismo en el comentario citado anteriormente dice que antes estaba “obstinadamente dedicado a las supersticiones papistas”, pero “Dios subyugó su mente a un punto en que fue susceptible de ser enseñada, ya que estaba más endurecida en tales prácticas de lo que era de esperarse de una persona de su temprana edad”. Y así “recibió cierto gusto y conocimiento de la verdadera piedad”. La conversión de Calvino a la Reforma, no fue un mero cambió de denominación religiosa, sino una conversión desde lo más profundo del corazón por el Espíritu de Dios.

Pero adherirse a la Reforma Protestante necesariamente conllevaba la persecución. En el mismo año en que Calvino había creído en el Señor, ya venían personas a él pidiéndole que le enseñaran la verdadera fe. Ese mismo año, un amigo cercano de Juan Calvino, Nicolás Cop, presentó un discurso oficial de apertura en la universidad de París. Este discurso tenía matices de ideas luteranas, y a los pocos días los profesores de Sorbona (la Facultad de Teología), lo acusaron de herejía; lo que podía llevarlo a la muerte. Y durante ese breve tiempo varios sacerdotes fueron arrestados por tener estas ideas.  Nicolás Cop huyó a Suiza, a la ciudad de Basilea. Calvino era muy amigo de Cop, y por eso, pudo leer el discurso antes de presentarlo. Entonces, fue considerado como implicado en la rebelión y fueron en su búsqueda a su habitación. Pero él ya no estaba allí. Pues ya había sido avisado, y había huido.

Para ese momento, el rey de Francia fue instigado para erradicar la causa protestante del país. Así que comenzó una gran persecución en toda Francia hacia los protestantes. Y no le quedó más remedio a Juan, al igual que ninguno que apoyara la reforma, que irse del país hacia Suiza, Basilea.

La persecución aumentó cada vez más. Y para 1535, su gran y apreciado amigo, Etienne de la Forge, fue quemado en la hoguera por sus firmes convicciones luteranas. Y así muchos otros fieles fueron quemados a causa de su fe. El rey de Francia estaba llevando una ejecución sangrienta de los santos del Señor. Y esto hizo que Calvino se enardeciera, y escribiera una apología al rey de Francia para que detuviera esta persecución a la iglesia, exponer a los instigadores de ser emisarios de Satanás para dañar a los fieles de Dios, y demostrar que los protestantes que habían sido martirizados no eran anabaptistas, como falsamente eran acusados; esa fue nada más y nada menos que la Institución de la Religión Cristiana.

El matrimonio de Juan Calvino

Juan Calvino estuvo casado con Idelette de Bure, una viuda que conoció mientras ejercía su ministerio en Estrasburgo, Alemania. Esta mujer encantó sus ojos, a pesar de los intentos de sus amigos, Guillermo de Farel, y Martín Bucero, de que no se casara para que se dedicara mejor al ministerio, esta mujer atrapó su corazón. Además de que logró cumplir sus estándares tan altos para una mujer. Fíjense lo que él mismo dice:

Ten siempre presente lo que busco hallar en ella; porque no soy yo uno de esos enamorados locos que abrazan incluso los vicios de sus amadas cuando pierden el juicio por la hermosa figura de una mujer. La única belleza que me satisface es esta: que ella sea casta, atenta, ni demasiado bonita ni fastidiosa, económica, paciente y cuidadosa de mi salud.

Y aunque sus demandas eran muy grandes, ella cumplió con ellas. Teodoro de Beza la llamó: “una dama sobria y honorable”. Sin embargo, su matrimonio no duró mucho, porque casi nueve años después murió, lo que quebrantó fuertemente su corazón. Juan Calvino tampoco dejó descendencia, porque los tres hijos que tuvo murieron, por parto prematuro, u otras enfermedades. Todas estas muertes entristecieron mucho el corazón del reformador.

La muerte de Juan Calvino

Calvino era una persona de muy bajos recursos, y con muchas enfermedades, especialmente estomacales. De allí que fuera tan delgado. Sufría de gota, artritis, fuertes jaquecas, hemorroides, problemas pulmonares, fiebres constantes y a veces escupía sangre.  Además, Calvino a veces olvidaba comer, o por su pobreza no tenía comida, y se desvelaba estudiando y preparando lo que hacía para el servicio de la iglesia.

Juan Calvino Dormía solamente cinco horas diarias, y todo lo demás lo dedicaba a estudiar, orar, o predicar y enseñar en la iglesia. Pero su voluntad era de hierro. Pero todo esto hizo que muriera a una corta edad. El 27 de mayo de 1564, Juan Calvino murió en Suiza, Ginebra, a la edad de 55 años.

El ministerio de Juan Calvino en Ginebra

Juan Calvino no solamente fue un teólogo, un gran erudito o un exégeta, también fue un gran pastor y un gran predicador, un hombre de Dios que derramó sangre, sudor y lágrimas para edificar a la iglesia de Jesucristo y llevar adelante la obra de Dios.

Pero en este articulo sólo mi limitaré a hablar del ministerio de Ginebra, ya que el área de su ministerio es sumamente amplió. Sólo mencionaré que Juan Calvino también fue pastor en Estrasburgo, pero por lo limitaciones de espacio lo veremos en otra ocasión.

Contexto de Ginebra en la época de Juan Calvino

Para entender un poco mejor la reforma en Ginebra por Juan Calvino hay que tener un marco general de qué era la ciudad de Ginebra hasta el momento en que Calvino llegó. La ciudad de Ginebra tenía cierta libertad política y religiosa para ese momento. En años anteriores, Ginebra estaba liderada por los Duques de Savoya, y los obispos que servían en la iglesia. Pero a través de guerras sangrientas, por fin la ciudad del dominio de los Duques de Savoya, y posteriormente, también el obispo de la ciudad tuvo que huir.

Al estar libres, Ginebra instituyó un sistema de gobierno por concejos menores y mayores. El concejo pequeño estaba constituido por 25 personas, y ellos se encargaban de los asuntos rutinarios y normales. Luego estaban el consejo de los 70 que era un apoyo para el primero. Y en 1527 se instituyó el concejo general, constituido por 200 personas, que se encargaban de los asuntos que podían afectar al pueblo. Es importante entender esta forma de gobierno, porque estos concejos en ocasiones fueron un estorbo y en otros una ayuda para las reformas de Calvino. Mientras hubo más personas a favor de Juan Calvino en los concejos menores, más se aceptaban la propuesta de Calvino; mientras que, al ser menos, su ministerio recibió más oposición.

El llamamiento al ministerio de Juan Calvino

Ahora bien, después de haber huido, el obispo de la ciudad siguió insistiendo en querer gobernar Ginebra, y entonces, llevó a sus ejércitos a confrontarse con la armada ginebrina. Después de fuertes confrontaciones, se decidió que todo se resolviese en un debate público. Y Guillermo de Farel junto a otros aplastaron en el debate a sus contrincantes.  A partir de allí, Farel predicó el primer sermón protestante en la iglesia de San Pedro, en 1535. Ese mismo mes se hizo un edicto donde de rechazaba la religión de roma como la religión oficial de Ginebra, se prohibió la celebración de la misa, y se destruyeron los ídolos y los altares paganos. Para 1536 ya el concejo menor y el concejo de los 70 había adoptado la fe reformada, pero aún faltaba el concejo general. Luego que el concejo general también la adoptó, toda la ciudad de Ginebra juró vivir conforme a la Palabra de Dios, y apartarse de la idolatría. Así comenzó la reforma en Ginebra.

Guillermo de Farel sabía que abandonar la religión de Roma, dejar de celebrar la misa y destruir los ídolos era un paso importante, pero en eso no sólo consistía la reforma. La reforma no sólo tenía que ver con separarse de Roma, sino conformarse en modelo, estructura y vida a la Palabra de Dios. Y aunque se había hecho lo primero, se necesitaba un arduo trabajo para lo segundo.

Y Providencialmente, en 1536, el mismo año en que esto estaba sucediendo en Ginebra, Juan Calvino se dirigía de París a Estrasburgo, para dedicarse con tranquilidad a sus estudios. Pero en ese momento había una situación política entre el rey de Francia Francisco I y el emperador Carlos V de España; ambos estaban en guerra, y sacaron a sus ejércitos al campo de batalla. Entonces, todos los caminos estaban cerrados para llegar a Estrasburgo, porque los militares se habían apoderado de los caminos e impedían el paso; y aunque no estaba en los planes de Calvino, pero sí en los de Dios, el reformador tuvo que quedarse por una noche en Ginebra, precisamente una ciudad que lo necesitaba. Guillermo de Farel ya había conocido a Juan Calvino en Basilea, y cuando se enteró de que estaba allí en Ginebra, vio eso como una respuesta de Dios la necesidad que tenían, y fue a buscarlo para rogarle que se quedara sirviendo con él en ese lugar.

Sin embargo, lo que menos pensaba, es más, lo que menos quería Juan Calvino era dedicarse al ministerio o algo parecido; sólo buscaba tranquilidad para dedicarse a estudiar, meditar y escribir. Al leer la Institución y otros de sus escritos, uno puede pensar que Juan Calvino era un apasionado, tajante, y fervoroso en su carácter. Pero lo cierto es que Juan Calvino era un hombre tímido y retraído, que le gustaba mucho más la soledad, y estar apartado de los demás; era un hombre reservado. Por eso se negó rotundamente al ruego de Farel.

Pero enardecido, Guillermo le reprochó que si no se quedaba a ayudarlo en Ginebra, que Dios lo maldijera por rechazar su llamado. Con una maldición ninguno hubiese aceptado el llamado. Y es cierto que los caminos de Dios son misteriosos, pero al parecer, Juan Calvino venía la voluntad de Dios es las maldiciones que se dirigían a su persona.  Y desde ese momento de su vida, Juan Calvino estuvo dedicado al ministerio.

La Reforma en Ginebra

Juan Calvino era el más idóneo en su época para la reforma en Ginebra. Él era un hombre que pensaba que la Palabra de Dios debía impregnar cada área y lugar del ser, aún los más recónditos y escondidos del hombre. La iglesia, la sociedad, el gobierno civil, y la vida de cada particular debían conformarse celosamente a la Palabra de Dios. Tenía lo que la ciudad necesitaba. Y ese fue el trabajo que Juan Calvino llevó a cabo en Ginebra.

En 1536 Juan Calvino empezó su ministerio en la iglesia de San Pedro. Pero muy pronto llegó a estar bastante enfadado y triste porque los ciudadanos habían olvidado el voto solemne que habían hecho delante de Dios. Un historiador dice con respecto a esto:

Una vez más, las tabernas estaban repletas de parroquianos; por las calles se podía ver a los borrachines tambaleándose al caminar; por doquier se oía ruidoso vocerío de los antros de vicio donde los apostadores jugaban a los dados y a las cartas; los hombres se jactaban de sus adulterios y presumían de sus amantes o de sus encuentros con prostitutas; la vestimenta de tanto hombres como de mujeres a Calvino le parecía inmoral y ofensiva; en las plazas se alzaban tablados donde el baile público se extendía por las largas temporadas; la mendicidad y la miseria volvieron a ser parte del espectáculo ginebrino tal como acontecía en plena era medieval. ¡Y quienes practicaban este estilo de vida eran los mismos habitantes de la ciudad que había levantado sus manos para declararse en favor del protestantismo!

Ginebra se había apartado de roma, pero no había adoptado completamente el protestantismo, que penetraba lo íntimo del ser, como le sucedió al reformador. Entonces, Calvino ideó un plan para poder reformar esto. Primero propuso que él junto con sus compañeros predicadores, Guillermo de Farel y Ellie Corault, se dedicaran a predicar los domingos cada uno en las iglesias principales: Juan Calvino quedó a cargo de la iglesia de San Pedro, Farel de San Gervasio, y Corault de la iglesia de la Riva. Cabe destacar que empezaron a predicar diariamente. Y los tres predicadores se rotarían las iglesias por día, para que todos pudieran atender a las iglesias.

Pero la predicación pública no era suficiente, también se debía prestar atención a que cada persona en su vida privada se condujera de forma santa delante del Señor. Así que encargó a hombres fieles en toda la ciudad, que estuvieran a cargo de cierta cantidad de personas a su alrededor, para que los supervisaran, exhortaran y consolaran. Y como unos cuantos pastores no podían estar al tanto de toda una ciudad, estas personas suplían el trabajo que era imposible de realizar para los pastores, y sólo iban a ellos, en caso de ser necesaria una disciplina mayor.

Juan Calvino también propuso que la base para pertenecer a la iglesia fuera una profesión de fe verdadera. Hay que recordar que para ese momento, incluso creo que se mantiene hasta hoy día, la iglesia de Roma consideraba el bautismo de niño como suficiente para pertenecer a la iglesia. De modo que todas las personas en Ginebra, sin importar si fueran creyentes o no, eran parte de la iglesia por el simple hecho de haber sido bautizados de niños.

Para Juan Calvino esto no estaba bien, porque parte de la causa de que el pueblo estuviera tan corrompido, es que no había un compromiso fiel, firme y consciente de la persona que profesaba, y no había una confesión de fe y práctica, que moldeara la vida de los miembros. Según algunos historiadores, de allí es que surge la Confesión de Ginebra, y es atribuida a Juan Calvino, por lo menos en parte. Juan Calvino propuso esto para que los ciudadanos tuvieran una regla de fe y práctica con la cual su vida pudiera ser medida.

El canto de los Salmos en Ginebra

Juan Calvino también reintrodujo el canto de los salmos en la iglesia, para que el pueblo aprendiera a cantar la Palabra de Dios. Además, enfatizó la enseñanza personal en los niños, y por eso, Juan Calvino redactó el catecismo de Ginebra, con la cual los ministros hacían preguntas sencillas respecto a la fe, y los niños debían aprenderla de memoria, y ponerla en práctica. Calvino también enfatizó la enseñanza en los hogares, y en los matrimonios.

La practica de la excomunión: el punto más difícil de la reforma Ginebrina

Pero quizás la cosa más fuerte que Juan Calvino propuso, que tuvo mayor resistencia, que causó los mayores impactos positivos en la reforma en Ginebra, pero que, al mismo tiempo, fue la causante de su exilio, fue la propuesta de la excomunión para quienes no vivieran conforme a la Palabra de Dios. Verán, en ese momento la excomunión no pertenecía a los gobernantes de la iglesia, sino a las autoridades civiles. Y los gobernantes de Ginebra habían sido demasiado perezosos e indiferentes con este punto. De manera, que tú podías ser un asesino o un adultero, o un ladrón, y aun así, ser parte de la iglesia y disfrutar del sacramento.

Juan Calvino primero propone que esa autoridad no les pertenece a los gobernantes civiles, sino a los ministros de la iglesia. También que parte de la desgracia de la nación y la corrupción de la iglesia, es que personas que no profesaban la fe y vivían en disolución estaban profanando el santo sacramento de Dios, y trayendo así mucha desgracia a los ciudadanos. Así que, quienes vivían de esta manera no podían participar de la mesa del Señor, y que si al disciplinarlos así, no se emendaban, debían ser expulsados de la iglesia. Con esto Calvino intentó rescatar la autoridad de la iglesia, guardar el santo sacramento de la Cena del Señor, y guardar pura y sin mancha a la iglesia de Jesucristo.

Las primeras propuestas fueron aceptadas, aunque de mala gana y muy a la ligera. Pero la propuesta de la excomunión fue vista como muy radical, y como un atentado contra la autoridad de los gobernantes de Ginebra; de modo que comenzó a recibir más y más oposición, hasta que por fin fue rechazada. Y entonces, las personas del consejo menor que apoyaban a Juan Calvino, y que ayudaron a que varias de las medidas anteriores fueran implementadas, fueron expulsados ilegítimamente, y en su lugar, fueron puestas personas que rechazaran a Juan Calvino. Y entonces, este concejo impuso sobre ellos ceremonias de la iglesia de Berna, que aunque protestantes, estaban en contra de la Escritura. Los ministros vieron esto como una intromisión en la autoridad de la iglesia, y se negaron a someterse a tales prácticas.

La expulsión de Juan Calvino de Ginebra

A causa de eso, el sábado anterior al domingo de Resurrección, el predicador Corault fue arrestado y echado en una prisión por predicar en contra de las medidas tomadas por el concejo. Casi toda la ciudad se enardeció contra Juan Calvino y Farel, pero estos predicadores pasaron en medio de ellos resistiendo escupidas, burlas, y amenazas de muerte, para rescatar a su amigo. El concejo ofreció un arreglo, pero ellos se negaron rotundamente, y salieron frente a la multitud enardecida.

Esa noche fue terrible para estos dos pastores, porque los ciudadanos cantaban canciones burlescas y sacrílegas en contra de ellos, golpeaban la puerta de sus casas y los insultaban y amenazaban con ahogarlos en el río; llegaron, incluso, a disparar cerca de la ventana de la habitación donde vivía Juan Calvino. Luego, llegó un oficial diciéndoles que o apegaban a las ceremonias, o no predicarían el domingo siguiente.

¿Saben qué fue lo que ambos hicieron?

El domingo siguiente estaban encima del púlpito, predicando en contra de las decisiones del concejo y ni administraron la Cena. Por eso, el concejo de los doscientos se reunió y tomaron la siguiente decisión: los tres predicadores tendrían tres días para abandonar Ginebra.  En 1538, después de dos años, Juan Calvino fue expulsado de Ginebra.

Después de esto Juan Calvino hizo algunos viajes, y terminó en Estrasburgo, Alemania, siendo pastor. Como dije anteriormente, este es un área en el que no me extenderé mucho. Sólo mencionaré que fue llamado por Martin Bucero, y que el trabajo de Juan Calvino allí fue muy apreciado, porque la reforma ya había avanzado mucho en esa ciudad.

Juan Calvino en Estrasburgo

Bien, Juan Calvino duró 5 años en Estrasburgo, pensando, quizás, en establecer su vida y su ministerio allí. Pero durante ese tiempo, recibió mensajeros de Ginebra dónde se le pedía que volviera para que necesitara su ayuda. Después de lo que había sucedido, era suficiente para que nadie quisiese volver. De hecho, ni Corault y Farel volvieron nunca más a Ginebra. Pero después de mucha insistencia; aunque estaba lleno de mucha angustia y zozobra de volver a Ginebra, Juan Calvino aceptó que Dios lo estaba llamando a servir allí. Y en 1541 Juan Calvino volvió a Ginebra por llamado de Dios.

Ahora bien, el hecho de que en Ginebra lo hubiesen llamado nuevamente, no significa que ahora todo iba a ser más fácil. De hecho, para que Ginebra llegase a ser lo que fue, Juan Calvino tuvo que trabajar allí fuertemente durante 14 años, recibiendo demasiada oposición de varias partes. En primer lugar, estaba gran parte del pueblo que le encantaba vivir en inmoralidad, desorden, y pecado; y estas mismas personas se dedicaban a acusarlo, insultarlo, calumniarlo y hasta amenazarlo. Pero Juan Calvino seguía adelante. Propuso a los diferentes concejos, el documento titulado: “Ordenanzas eclesiásticas de la iglesia de Ginebra”, que elaboró junto a compañeros ministros y algunos representantes del concejo.

Lo que Juan Calvino propuso aquí fue la estructura misionera para la enseñanza del Nuevo Testamento. Y entre las cosas que tenía era la forma en que se iba a implementar la disciplina sobre los ciudadanos por parte de las autoridades civiles.  Recuerden que para Juan Calvino, aunque la autoridad del gobierno civil era diferente a la de la iglesia, ambas no se contradecían, y por tanto, el gobierno civil debía ayudar a la causa de la iglesia. Además, recuerden que como todo el pueblo pertenecía a la iglesia, esta medida de disciplina era necesaria. Por eso, el concejo menor debía supervisar la moral del pueblo. Si alguna persona caía en disciplina, y se negaba a someterse, no sólo era la iglesia quien lo expulsaba, sino que también debía pasar por un juicio delante de las autoridades civiles.

Esto recibió un inmediato rechazo por la gente vaga y rebelde del pueblo, pero también por ciudadanos de alta clase, que, aunque no tenían esa conducta, eran los dueños de los prostíbulos, lugares de apuestas, bares y otros, es decir, personas que lucraban con el pecado de la ciudad. Y dentro de esta reforma, estos lugares llegaron a ser limitados y casi completamente eliminados. Por eso, los que disfrutaban y se lucraban con estos lugares se opusieron rotundamente contra Juan Calvino. En Ginebra había un grupo político llamado: “partido libertino”, el cual usó el descontento de todas estas personas para atacar políticamente a Juan Calvino. Su influencia, poder política más el descontento de estos ciudadanos resultaron en una oposición contundente contra el ministerio del reformador. Y cada vez que una persona era enjuiciada por su vida inmoral, el partido libertino alborotaba a la gente para que se opusiera a Juan Calvino y al consistorio de la iglesia.

Estas personas del Concejo fueron tomando cada vez más poder y fuerza política, porque adquirieron más puestos gubernamentales dentro de los concejos y otros. Y llegaron incluso a amenazar nuevamente el pastorado y la vida de Juan Calvino. Se opusieron tajantemente a sus propuestas, hasta el punto, que armaron una revuelta y un tumulto contra Juan Calvino, que ni siquiera el concejo de los doscientos sabía cómo enfrentar.

Juan Calvino y Miguel Servet

En todo este tiempo es cuando sucedió el famoso caso de Miguel Servet, un hereje anabaptista que negaba la trinidad, y atacaba las doctrinas fundamentales de la Escritura. Llegó a Ginebra para refugiarse, y enseguida escribió su obra en contra de la Institución de la Religión cristiana, llamada: “Restitución del Cristianismo”. Entonces, los enemigos de Calvino aprovecharon el debate, para socavar la autoridad y ministerio de Calvino. No les interesaba realmente el debate sobre la trinidad, sino que la aprovecharon.

Sin embargo, en 1553 Miguel Servet fue ejecutado en Ginebra por hereje, y paradójicamente, eso fue lo que necesitaba Ginebra para alcanzar su reforma. Al haber dictado a Miguel Servet como hereje, y haberlo ejecutado, todos los enemigos de Calvino que lo apoyaron, fueron expulsados de Ginebra. Y así el ministerio de Calvino se llevó a cabo sin impedimento.

El gran aporte de Juan Calvino a Ginebra

Durante esos 14 años durante fuerte oposición, terribles amenazas, y grandes tribulaciones, Calvino no se detuvo en su trabajo pastoral, sino que se dedicó a la predicación,  a las visitas, a hacer conferencias, a escribir todos sus comentarios del Nuevo Testamento que terminó en 1551, escribió muchas otras obras, propuso planes sociales en Ginebra como crear industrias para dar empleos a los ciudadanos a los refugiados inmigrantes, construir un sistema de drenaje en la ciudad, y recursos de sanidad y hospitalarios para los enfermos de la ciudad. Incluso, también creó la Academia de Ginebra, donde se preparaba teológicamente, y también en otras áreas, a muchas personas.

Gracias a esto, la moral del pueblo cambió radicalmente; los ginebrinos eran decentes, ordenados, santos, piadosos; la prostitución fue erradicada casi totalmente; las tabernas disminuyeron en gran porcentaje y las que quedaron fueron bien reguladas; se fundaron nuevas congregaciones para gente de otros idiomas; los pobres y enfermos eran ayudados en el hospital de Ginebra; de modo que Ginebra, gracias al Reformador, se volvió en un ejemplo para toda Europa en lo que significa someterse a Cristo verdaderamente.

John Knox, después de haber ido a estudiar con Juan Calvino, asombrado dijo con respecto a Ginebra:

Ni temo ni me avergüenzo al afirmar que es la más perfecta escuela de Cristo que ha existido sobre la tierra desde los días de los apóstoles. Confieso que en otros lugares Cristo es predicado verdaderamente; pero costumbres y religión tan sinceramente reformadas no he visto jamás en parte alguna.

Dios era el autor de todo esto por supuesto, pero si pudiéramos hablar de alguna autoría humana, Calvino tuvo una principal responsabilidad en todo esto. Gracias a Calvino Ginebra fue casi completamente reformada, y llegó a ser “una escuela de Cristo”, ejemplar para toda Europa.

Los aportes de Juan Calvino a la Reforma: La Institución de la Religión Cristiana

Como dijimos anteriormente, Juan Calvino es el gran teólogo de la Reforma, y eso es porque su gran aporte fue estructurar y sistematizar toda la doctrina cristiana, por lo menos en forma fundamental. Martín Lutero fue el precursor de la Reforma, pero quien construyó todo el edificio teológico de la reforma, sobre la cual la iglesia verdadera posteriormente se fundamentaría, fue Calvino.

Juan Calvino y la Institución de la Religión Cristiana

Y la gran obra con la cual Juan Calvino hizo este aporte fue la institución de la Religión Cristiana. Ciertamente Calvino tuvo otras obras. Hizo comentarios a cada libro de la Biblia a excepción de Apocalipsis, los cuales tuvieron su debido efecto. Pero la Institución de la Religión Cristiana es la mayor joya que Calvino pudo dejarnos para la posteridad.

El gran aporte de la Institución es que Calvino no sólo se dedicó a desarrollar más a profundidad el tema de la salvación y de la Escritura como la única regla de fe, como de una u otra manera lo hizo Lutero, sino todas las doctrinas cristianas fundamentales del cristianismo.

Juan Calvino no solamente tenía el interés de que la iglesia supiera el modo para ser salvos (la justificación por fe), o la regla de fe y práctica, sino también qué es la iglesia, cómo debe conducirse, los sacramentos, la predestinación, la obra de cada persona de la trinidad, cómo considerar el Antiguo Testamento, y cosas semejantes.

Juan Calvino dijo con respecto a esto:

No es buena teología el centrar los pensamientos de una persona sobre sí misma hasta este punto, y no colocarle delante como el motivo principal para su existencia el celo por manifestar la gloria de Dios. Porque hemos nacido ante todo para Dios, y no para nosotros mismos… Ciertamente es obligación del cristiano ascender más allá de la mera búsqueda de la salvación de su propia alma. [1]

Y Calvino llevó esto a la práctica cuando intentó sacar a relucir lo que toda la Escritura decía con respecto a las doctrinas principales y fundamentales del cristianismo.

Además, otra característica de la Institución es que Juan Calvino respondió a las grandes controversias de sus días. Como vimos en la ponencia de Lutero, el reformador Alemán aunque atacó uno de los errores principales de la Iglesia de Roma, todavía quedaron vestigios de sus errores en su teología como la consubstanciación. Sin embargo, Calvino dio respuestas a las controversias que estaban ardientes; desmanteló las doctrinas heréticas de roma, por un lado, y refutó los grandes errores de los anabaptistas por otro. Y entre todos los otros reformadores, quien tuvo una doctrina más sobria, sólida y bíblica con respecto a casi todo fue Calvino.

Por eso, la iglesia reformada la debe todo lo que es, en cuanto a teología, a Calvino. De hecho, dos de los escritores de nuestras confesiones fueron discípulos de Juan Calvino; Guido de Bress, escritor de la Confesión Belga, y Zacarías Ursinus, escritor del Catecismo de Heidelberg, fueron estudiantes de Juan Calvino. Por eso, leer la Institución de la Religión Cristiana y leer nuestras confesiones (las tres fórmulas de la unidad) es leer prácticamente lo mismo. Pareciera que estos autores hubiesen tenido la Institución a un lado, mientras que escribían nuestras confesiones. Por eso considero que todo cristiano reformado debería leer esta obra.

Contexto de la Institución de la Religión Cristiana

Ahora bien, es importante entender el contexto de la institución para que sepamos con qué razón se escribe. Cómo vimos anteriormente, en Francia los enemigos de la Reforma empezaron a hacer calumnias falsas en contra de los protestantes; y eso causó que Francisco I, el rey de Francia, comenzara una fuere persecución contra los que apoyaron la Reforma en Francia. Y empezaron a ejecutar, exiliar, encarcelar y azotar a quienes apoyaron este movimiento. Entonces, Calvino escribió la Institución para enseñar a los que tenían de Jesucristo en Francia, la verdadera fe para que conocieran a Jesucristo. En su carta al rey de Francia él dice:

Al comenzar a escribir este libro no tenía la intención, mi Señor, de escribir nada a Vuestra Majestad: mi propósito era tan solo enseñar algunos sencillos elementos destinados a alimentar la piedad de los que tuviesen el deseo de servir a Dios. Mi deseo es, principalmente, que mi trabajo sea útil para los franceses, a muchos de los cuales veo con hambre y sed de Jesucristo, y a pocos con un conocimiento adecuado de él.[2]

La Institución tiene un propósito instructivo, pastoral y evangelístico. De allí que la Institución sólo tenga una gran profundidad teológica sino práctica; Calvino supo lo que significa ser un verdadero cristiano: una profunda teología y un profundo amor por Dios. Y eso es claro en la Institución.

En segundo lugar, Calvino creía que estos verdaderos cristianos estaban siendo perseguidos injustamente como herejes, cuando lo que estaban creyendo era totalmente Escritural. Pero los enemigos de la reforma fueron tan perversos, que ni siquiera permitían que ellos defendieran su causa, y la verdad que estaban apropiando con tanta fe. Entonces Calvino escribe la Institución para mostrarle al rey de Francia que son falsas las acusaciones que se hacían en su contra, y defiende y explica la doctrina principalmente a través de la Escritura, muestra las contradicciones que hay en las doctrinas de la iglesia de Roma, e incluso, cita a los padres de la iglesia a los que los romanistas tanto citaban, para mostrarles que ni siquiera ellos apoyaban sus herejías. Y todo esto en la Institución de la Religión Cristiana.

Y, en tercer lugar, Calvino le dice al rey, de forma demasiado respetuosa y reverente, que con lo que está haciendo se está poniendo al Dios del cielo, y que su deber como rey, no era perseguir al reino de Cristo, sino ayudar a su causa. En su carta Calvino dice:

Pero a vos os corresponde, Majestad, no apartar vuestro oído ni vuestro ánimo de una causa tan justa, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un asunto capital: cómo mantener la gloria de Dios en la tierra; cómo conservar su honra, su dignidad y su verdad; cómo salvaguardar totalmente el reino de Cristo… Porque un verdadero rey sabe reconocerse como verdadero ministro de Dios al gobernar su reino. Por el contrario, el que no reina con la preocupación de servir a la gloria de Dios no ejerce una autoridad legítima, sino que se comporta como un bandido. Y estamos equivocados si esperamos una larga prosperidad para un reino que no está sometido al cetro de Dios, es decir, a su santa Palabra. Porque la sentencia celestial no puede mentir cuando señala: “sin profecía, el pueblo se desenfrena (Pro. 29:18). [3]

El contenido de la Institución de la Religión Cristiana

Ahora bien, comencemos hablar directamente sobre el libro como tal. La Institución de la Religión Cristiana a sus comienzos, y al momento de ser publicada no era como lo que actualmente es. Ella tuvo varias ediciones, y agregados hasta llegar a ser la obra magna y completa que tenemos hoy. A medida que el pensamiento teológico y pastoral de Calvino fue madurando a través de los años, mediante sus estudios, su obediencia y su pastorada, así fue creciendo la Institución.

Actualmente tiene alrededor de 1000 páginas, y tiene 80 capítulos entre todos sus libros. La Institución se divide en cuatro tomos. Estos fueron los nombres de los libros:

  1. El primero: Sobre el conocimiento de Dios como creador y como gobernante soberano del mundo.
  2. El segundo: El Conocimiento de Dios como redentor en Jesucristo, conocimiento que primero tuvieron los padres bajo la Ley y que después se nos ha manifestado en el Evangelio.
  3. El tercero: La manera de participar de la gracia de Jesucristo. Cuáles son sus frutos para nosotros y cuáles son sus efectos.
  4. El cuarto: Los medios exteriores, o ayudas, de las que Dios se sirve para conducirnos a su Hijo Jesucristo y para guardarnos en él.

Para entender bien la Institución también es necesario ver que tiene una forma trinitaria, como en el Credo apostólico. El primero Libro es sobre Dios el Padre: cómo conocer a Dios, su gloria, su autoridad, su gobierno sobre nosotros como creador, la Escritura cómo la forma de conocer a Dios, la adoración que es agradable delante de él, y el deber que tenemos de someternos a su voluntad.

El Segundo Libro es sobre su Hijo Jesucristo. Habla sobre la condición pecaminosa del hombre, su imposibilidad para salvarse y su necesidad de Jesús; cómo Dios envía su Hijo, la promesa del Mesías en el Antiguo Testamento por tipos y sombras; los tres oficios de Cristo: como profeta, sacerdote y rey; su tarea como Mediador en su muerte, resurrección y ascensión, y la eficacia de su obra salvífica.

El tercer libro es sobre el Espíritu Santo, por eso el nombre tiene que ver con cómo se participa de estos beneficios, cuáles son sus frutos, y sus efectos. Porque todo eso lo produce el Espíritu Santo. Este libro hable sobre: la fe, la regeneración, el arrepentimiento, la vida cristiana y la abnegación que lleva, la meditación en la vida futura, cómo usar la vida presente, la oración, la libertad cristiana, y otros.

Y el cuarto libro es una subdivisión del Espíritu Santo que trata sobre la doctrina de la Iglesia, especialmente los medios que Dios instituyó para edificarla y guardarla. En cierta manera habla sobre la predicación de la Palabra de Dios, aunque de esto habló en el primer libro; habla sobre los sacramentos, la disciplina eclesiástica, y el gobierno de la iglesia y su debe cuidarla; e incluso, en esa última parte del libro habla sobre los gobernantes civiles, y dice que fueron instituidos por Dios como un medio externo para salvaguardar a la iglesia.

Hay muchas otras cosas más, pero creo que este no es el tiempo ni el momento para hablar sobre. Creo que esto es suficiente por ahora. La Institución de la Religión Cristiana es una combinación de fiel ortodoxia, un gran celo y amor por Dios, y una santidad y piedad inmensa. Leer la Institución no sólo te enseña la doctrina correcta, sino que te estimula y te exhorta a vivir cristianamente en este mundo, poniendo en la fe en Jesucristo.

Lo último que debo decir sobre la institución es que su importancia radica en que las doctrinas que se expusieron allí fueron la base para las confesiones y toda la teología reformada. Por eso, si alguno de nosotros desea aprender y profundizar sobre las confesiones y nuestra doctrina, la Institución de la Religión Cristiana es la mejor herramienta que pueda recomendar a cualquier creyente.

Gracias a Dios, por haber puesto su mano en la historia, y haber usado a este gran hombre para la edificación de la iglesia.


[1] Respuesta a Sadoleto.

[2] Primeras líneas de la Carta de Calvino al Rey de Francia.

[3] Institución de la Religión Cristiana, carta al rey de Francia, pág. XXIX, versión de la Editorial Desafío.

 

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